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Cómo el yoga ayuda a descansar: la conexión entre cuerpo, respiración y sistema nervioso

  • 4 ago
  • 4 min de lectura

Vivimos en una sociedad que sabe muy bien cómo mantenerse ocupada, pero que ha olvidado cómo descansar.

Pasamos el día respondiendo mensajes, tomando decisiones, resolviendo problemas y adaptándonos a un ritmo que apenas deja espacio para detenernos. Cuando por fin llega la noche, esperamos que el cuerpo desconecte de inmediato. Sin embargo, muchas veces ocurre lo contrario: la mente sigue activa, el cuerpo permanece en tensión y el descanso no llega con la facilidad que imaginábamos.

Quizá tú también lo hayas sentido alguna vez. Dormir varias horas y despertarte con la sensación de no haber recuperado realmente la energía. O notar que, incluso en vacaciones, cuesta relajarse de verdad.

Desde el yoga tradicional entendemos que el descanso no empieza cuando te acuestas. Empieza mucho antes, en la manera en que respiras, te mueves, afrontas el estrés y habitas tu cuerpo a lo largo del día.

En este artículo descubrirás por qué ocurre esto y cómo una práctica de yoga consciente puede ayudarte a crear las condiciones para un descanso más profundo y reparador.


Descansar no es solo dormir

Cuando hablamos de descanso solemos pensar únicamente en el sueño.

Sin embargo, el descanso es mucho más que pasar unas horas con los ojos cerrados.

Es la capacidad del organismo para salir del estado de alerta, recuperar energía y volver poco a poco al equilibrio.

Por eso hay personas que duermen ocho horas y se levantan agotadas, mientras que otras, con menos horas de sueño, sienten que realmente han descansado.

La diferencia no siempre está en el tiempo.

Muchas veces está en cómo llega el cuerpo a ese momento.


Aquí puedes profundizar en este tema: ¿Por qué te despiertas cansada aunque hayas dormido toda la noche?



El sistema nervioso: el gran protagonista del descanso


Nuestro cuerpo está preparado para responder al estrés.

Cuando aparece un desafío, el sistema nervioso activa una serie de mecanismos que nos ayudan a reaccionar.

El problema surge cuando esa respuesta deja de ser puntual y se convierte en el estado habitual del organismo.

Entonces vivimos acelerados incluso cuando aparentemente todo está tranquilo.

Respiramos deprisa.

Dormimos con tensión.

Nos cuesta parar.

Y sentimos que descansar requiere un esfuerzo enorme.

El yoga no intenta "apagar" el sistema nervioso.

Lo que hace es ofrecer experiencias repetidas de calma para que el organismo recuerde que también puede vivir desde un estado de mayor seguridad.


Te puede interesar leer también: ¿Se puede regular el sistema nervioso practicando yoga?


La respiración: el puente entre cuerpo y mente


Hay algo que hacemos miles de veces al día sin apenas prestarle atención.

Respirar.

Sin embargo, la forma en que respiramos cambia constantemente según cómo nos sentimos.

Cuando hay prisa, miedo o tensión, la respiración suele hacerse más superficial.

Cuando aparece la calma, se vuelve más amplia y pausada.

Por eso la respiración ocupa un lugar tan importante en la práctica del yoga.

No porque exista una técnica mágica, sino porque aprender a respirar con mayor consciencia ayuda al cuerpo a salir poco a poco del estado de alerta.

Si quieres profundizar en este tema puedes leer:




El cuerpo también necesita aprender a descansar


Muchas personas creen que descansar consiste simplemente en dejar de hacer cosas.

Pero el cuerpo no siempre interpreta ese mensaje.

Puede permanecer con los hombros tensos.

La mandíbula apretada.

El abdomen contraído.

La respiración limitada.

Aunque estés tumbada en el sofá.

A través del movimiento consciente, el yoga ayuda a liberar parte de esa tensión acumulada.

No desde la exigencia.

Sino desde la escucha.

Movilizar suavemente la columna, respirar con atención o permanecer unos minutos en quietud permite que el cuerpo recuerde cómo es sentirse más ligero.


Puedes ampliar esta idea en:




Descansar también implica aprender a parar


Quizá esta sea una de las partes más difíciles.

Muchas personas descubren que, cuando por fin tienen un momento libre, aparece una sensación incómoda.

Inquietud.

Pensamientos constantes.

Necesidad de hacer algo.

No significa que estén haciendo mal la práctica.

Simplemente, el cuerpo necesita tiempo para adaptarse a un ritmo diferente.

Parar también se aprende.

Y el yoga ofrece un espacio seguro para hacerlo poco a poco.


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Dormir mejor es una consecuencia, no el objetivo


Cuando una práctica de yoga favorece el descanso, muchas personas empiezan a dormir mejor.

Pero ese no suele ser el primer cambio.

Antes aparecen pequeños detalles.

Respiras con más amplitud.

Notas menos tensión al terminar el día.

Te resulta más fácil reconocer cuándo necesitas parar.

El cuerpo empieza a recuperar un ritmo diferente.

Y, poco a poco, el descanso también cambia.


Si quieres profundizar en ello, puedes leer:


  • Yoga para dormir mejor: cómo una práctica consciente favorece un descanso profundo


Una práctica consciente, no una solución inmediata


Vivimos rodeados de promesas rápidas.

Cinco pasos para dormir mejor.

Tres ejercicios para eliminar el estrés.

Una técnica definitiva para relajarte.

El yoga propone otra mirada.

No busca resultados inmediatos.

Busca construir una relación diferente contigo misma.

Cada práctica es una oportunidad para escuchar el cuerpo, respirar con más presencia y recuperar un equilibrio que muchas veces queda oculto bajo el ritmo del día a día.

No hay prisa.

No hay exigencia.

Solo un camino que se recorre paso a paso.


Descansar es mucho más que dormir.

Es sentir que el cuerpo puede aflojar, que la respiración vuelve a encontrar espacio y que la mente deja de estar permanentemente en alerta.

El yoga no obliga al organismo a relajarse.

Lo acompaña para que pueda recordar, poco a poco, un estado que siempre ha formado parte de él.

Quizá ese sea uno de los mayores regalos de la práctica: descubrir que el descanso no es algo que haya que perseguir, sino una capacidad que podemos volver a cultivar.


En Karana Kokoro, en Badalona, ofrecemos clases presenciales donde el ritmo se adapta a cada persona. No hace falta experiencia previa ni una condición física determinada. Trabajamos en grupos reducidos para que puedas descubrir el yoga desde la escucha, la respiración y el cuidado, creando un espacio donde el cuerpo pueda recuperar poco a poco la calma y el descanso.



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