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Karana Kokoro Yoga

La satisfacción de cultivar sería: Lo que una dama de noche me recordó sobre el yoga

  • 11 jun
  • 2 min de lectura

Actualizado: 2 jul

Esta mañana observaba la dama de noche.

Hace unas semanas tuvo pulgón. Algunas hojas se debilitaron y durante un tiempo parecía que había perdido parte de su fuerza. Sin embargo, estos días he empezado a ver cómo brotan nuevas hojas. Pequeñas, tiernas, llenas de vida.


Mientras la observaba, me di cuenta de algo.

Muchas veces hablamos de conseguir cosas, de alcanzar metas o de ahorrar recursos. Algunas personas encuentran satisfacción en obtener aquello que desean. Otras la encuentran en conservar y acumular.


Pero contemplando esta planta pensé que quizá existe otra forma de satisfacción.


La satisfacción de cultivar.


La dama de noche no volvió a brotar porque un día aparecieran hojas nuevas por arte de magia. Detrás de esos brotes hubo cuidados, atención, paciencia y confianza. Hubo momentos en los que no se veía ningún cambio, pero el proceso seguía ocurriendo.


Y quizá muchas de las cosas importantes de nuestra vida se parecen más a una planta que a una meta.


Las relaciones.

La amistad.

La práctica espiritual.

El yoga.

Nuestro crecimiento interior…


La alegría no está solo en la flor cuando aparece, ni en el resultado cuando llega. También está en el cuidado diario, en la presencia, en seguir regando incluso cuando todavía no vemos los brotes.


En yoga ocurre algo parecido. A veces buscamos sentirnos mejor, estar más tranquilas o encontrar respuestas. Sin embargo, gran parte del valor de la práctica no está únicamente en aquello que obtenemos, sino en el acto mismo de volver una y otra vez. Sentarnos. Respirar. Escucharnos. Estar presentes.


La flor dura unos días.


El acto de cultivar puede acompañarnos toda la vida.


Y tal vez ahí habita una de las formas más profundas de satisfacción: ver crecer aquello que amamos.

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