No llores más, vive
- Conxi R Carmona Mirabet
- 29 abr
- 3 min de lectura
Cómo sostener la incertidumbre cuando algo dentro de ti se rompe
Hay momentos en los que algo cambia dentro de ti…
y ya no puedes hacer como si nada.
No es siempre un hecho claro.
A veces es una sensación.
Una intuición.
Una incomodidad que empieza a quedarse más tiempo del que te gustaría.
Y sin darte cuenta, entras en un estado que desgasta profundamente:
Piensas más.
Observas más.
Sientes más… pero con menos calma.
Y hay algo dentro que se rompe un poco.
Cuando la mente no para y el cuerpo entra en alerta
En esos momentos, el cuerpo no descansa.
Aunque estés en casa.
Aunque todo “siga igual”.
Hay una tensión constante.
El pecho más cerrado.
La respiración más superficial.
La mente repitiendo escenas, posibilidades, dudas.
No es solo lo que pasa fuera.
Es lo que se activa dentro.
Y eso cansa mucho más de lo que parece.
Porque no puedes comprobarlo todo.
No puedes controlarlo todo.
Y sin embargo, lo intentas.
El impulso de buscar… y lo que deja después
Cuando aparece la desconfianza, el impulso de buscar es casi automático.
Mirar.
Comprobar.
Confirmar.
Sentir que al menos así tienes algo de control.
Pero hay algo que quizá ya has sentido:
Aunque encuentres algo…
aunque no encuentres nada…
La calma no llega.
Porque el problema no era solo la información.
Era el estado interno en el que entraste.
Un estado donde el sistema nervioso está en alerta,
y todo se interpreta desde ahí.
Hoy he recordado una frase que me sostuvo
Hoy, en medio de todo eso, me vino una frase muy clara:
“No llores más, vive.”
No la sentí como una exigencia.
Ni como una forma de negarme lo que siento.
La sentí como un ancla.
Como si alguien me recordara suavemente:
no te pierdas dentro de esto
no te abandones mientras miras hacia fuera
Porque es muy fácil hacerlo.
No se trata de dejar de sentir
No se trata de hacerte fuerte.
Ni de ignorar lo que pasa.
Se trata de algo más sutil… y más honesto:
seguir en ti, incluso cuando todo dentro se mueve
Poder sentir la rabia sin que te arrastre.
Poder notar la incertidumbre sin intentar resolverla en ese mismo instante.
Poder parar.
Volver al cuerpo cuando todo se acelera
Cuando la mente se activa, el cuerpo suele quedarse atrás.
Pero es ahí donde puedes empezar a regular.
Sin hacerlo perfecto.
Sin hacerlo largo.
Solo esto:
Si puedes, ahora mismo…
• Siéntate o túmbate como estás
• Nota el peso de tu cuerpo
• No cambies la respiración, solo obsérvala
• Lleva una mano al pecho o al abdomen
Y quédate ahí unos minutos.
No para calmarte de golpe.
Sino para no seguir alimentando el estado de alerta.
Esto ya es práctica.
Hay algo que no depende de lo que haga el otro
Y esto es importante.
Hay cosas que no puedes controlar.
Ni prever.
Ni asegurar.
Pero hay algo que sí puedes empezar a sostener:
cómo te tratas tú dentro de lo que está pasando
Si te presionas
si te juzgas
si te empujas a tener respuestas ya
o si, poco a poco, empiezas a acompañarte de otra manera.
Sin prisa.
Sin exigencia.
Vivir… también es no abandonarte
Quizá vivir no es “estar bien”.
Quizá, en momentos como este, vivir es algo mucho más sencillo:
• no dejarte en segundo plano
• no girar todo alrededor de lo externo
• no desconectarte de ti
Seguir en tu cuerpo.
Seguir respirando.
Seguir volviendo.
Aunque haya dudas.
Aunque haya rabia.
Aunque no esté resuelto.
Un espacio al que volver
No siempre vas a poder con todo sola.
Y no hace falta.
A veces, lo único que necesitas es un lugar donde:
• parar sin tener que explicarte
• moverte sin exigencia
• respirar sin esfuerzo
• y sentirte acompañada sin juicio
Si sientes que este momento te está sobrepasando, puedes empezar muy suave.
A tu ritmo.
Sin experiencia previa.
Hay una práctica que está pensada justo para eso: para volver al cuerpo cuando la mente no para,
y para empezar a sostenerte desde dentro.
No tienes que estar bien para empezar.
Solo estar.
A mi madre, gracias por seguir guiándome


Comentarios