top of page
Karana-Kokoro-Yoga-logo

Karana Kokoro Yoga

Yoga Vital en Badalona centro

Yoga para dormir mejor: cómo una práctica consciente puede favorecer un descanso profundo

hace 6 días
5 min de lectura

Dormir no siempre significa descansar.


Podemos acostarnos agotados y, aun así, sentir que algo dentro de nosotros continúa despierto. El cuerpo está en la cama, pero la respiración sigue acelerada, los músculos permanecen tensos y la mente continúa repasando todo lo ocurrido durante el día.


Queremos dormir, pero nuestro organismo todavía no ha recibido el mensaje de que ya puede detenerse.


El yoga puede ayudarnos precisamente en esa transición. No obliga al sueño ni garantiza que desaparezca cualquier dificultad para dormir, pero puede crear unas condiciones internas más favorables para que el cuerpo abandone poco a poco el estado de alerta y se entregue al descanso.


Dormir no es apretar un interruptor


Durante el día acumulamos estímulos constantemente: conversaciones, preocupaciones, pantallas, obligaciones, desplazamientos, decisiones y emociones que muchas veces no hemos podido procesar.


Aunque llegue la noche y nos metamos en la cama, toda esa actividad no desaparece de inmediato.


El sistema nervioso necesita tiempo para cambiar de estado.


Si hemos pasado el día corriendo, resolviendo problemas o anticipando lo que puede suceder mañana, es difícil pasar directamente de la actividad intensa al sueño profundo. El cuerpo no funciona como una máquina que podamos apagar pulsando un botón.


Necesita una transición.


Una práctica de yoga suave puede convertirse en ese espacio intermedio entre el día que termina y la noche que comienza.


Cómo puede ayudarnos el yoga a dormir mejor?


El yoga no actúa únicamente sobre la flexibilidad. Su efecto nace de la relación entre el movimiento, la respiración y la atención.


Cuando practicamos lentamente, respiramos de manera consciente y permanecemos unos instantes en cada postura, ayudamos al organismo a reducir progresivamente su nivel de activación.


Libera la tensión acumulada


A lo largo del día podemos acumular tensión en zonas como la mandíbula, los hombros, el cuello, la espalda o el abdomen sin darnos cuenta.


Al llegar la noche, esa tensión continúa enviando al cerebro el mensaje de que todavía debemos mantenernos preparados.


Los movimientos suaves, las flexiones hacia delante y las torsiones realizadas sin esfuerzo permiten reconocer esas zonas y comenzar a soltarlas.


No se trata de estirar intensamente, sino de ofrecer al cuerpo la posibilidad de aflojarse.


Hace que la respiración se vuelva más lenta


Cuando estamos preocupados o acelerados, la respiración suele hacerse rápida y superficial.


Al alargar suavemente la exhalación, el cuerpo recibe una señal de seguridad. Poco a poco disminuye la necesidad de estar alerta y aparece una sensación mayor de calma.


La respiración se convierte así en un puente entre la actividad y el descanso.


Lleva la atención al presente


Muchas veces no dormimos porque seguimos viviendo mentalmente en otro momento.


Repasamos algo que sucedió durante el día o imaginamos todo lo que tendremos que afrontar mañana.


Durante la práctica, la atención regresa a sensaciones concretas: el contacto del cuerpo con el suelo, el movimiento del abdomen al respirar, el peso de las piernas o la temperatura del aire.


Los pensamientos pueden seguir apareciendo, pero ya no necesitamos acompañarlos.


Crea un ritual de cierre


Repetir una pequeña práctica cada noche puede convertirse en una señal reconocible para el organismo.


Del mismo modo que ciertos hábitos nos activan, otros pueden enseñarnos que el día ha terminado y que ya no hay nada más que resolver en ese momento.


Con el tiempo, desplegar la esterilla, apagar algunas luces y comenzar a respirar conscientemente puede convertirse en la puerta de entrada al descanso.


Una práctica sencilla antes de dormir


No necesitas realizar una clase completa. Una práctica de diez o quince minutos puede ser suficiente si se hace con lentitud y sin exigencia.


1. Comienza observando tu respiración


Siéntate cómodamente o túmbate boca arriba.


Mujer tumbada practicando respiración consciente antes de dormir
Mujer tumbada practicando respiración consciente antes de dormir

Coloca una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen. No intentes respirar de una forma especial al principio. Observa simplemente cómo estás respirando.


Después, deja que la exhalación dure un poco más que la inhalación.


Puedes inspirar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis, siempre que resulte cómodo y no genere sensación de falta de aire.


Repite durante uno o dos minutos.


2. Moviliza suavemente la columna


Colócate a cuatro apoyos y realiza unas cuantas flexiones suaves de la columna.


Al inspirar, abre ligeramente el pecho.


Al exhalar, redondea la espalda y deja caer la cabeza.


Muévete siguiendo el ritmo de tu respiración, sin intentar llegar más lejos. La intención es liberar el cuerpo, no trabajarlo intensamente.


3. Descansa en la postura del niño


Lleva las caderas hacia los talones y apoya la frente sobre la esterilla, una manta doblada o un cojín.


Permite que la espalda se ensanche con cada inhalación y que el peso del cuerpo descienda un poco más con cada exhalación.


Si esta postura no te resulta cómoda, puedes sustituirla por una posición tumbada.


4. Realiza una torsión tumbada


Túmbate boca arriba, flexiona las rodillas y deja que caigan suavemente hacia un lado.


Extiende los brazos o apoya una mano sobre el abdomen.


Permanece durante varias respiraciones y después cambia de lado.


Las torsiones suaves pueden ayudar a liberar la tensión acumulada en la espalda y aportar una agradable sensación de recogimiento.


5. Termina con las piernas apoyadas


Postura de yoga restaurativo con las piernas apoyadas en una silla para favorecer el descanso.
Postura de yoga restaurativo con las piernas apoyadas en una silla para favorecer el descanso.

Túmbate y coloca las piernas sobre una silla, el sofá o la pared.


Asegúrate de que la posición sea cómoda y no produzca tirantez.


Cierra los ojos y siente cómo el peso de las piernas deja de depender de ti. Permanece entre tres y cinco minutos respirando con naturalidad.


Lo que conviene evitar antes de acostarse


No todas las prácticas de yoga son adecuadas para la noche.


Una secuencia muy intensa, con posturas exigentes, respiraciones rápidas o movimientos especialmente energizantes, puede producir el efecto contrario y aumentar la activación.


Antes de dormir es preferible escoger:


Movimientos lentos.


Posturas sencillas y cómodas.


Respiraciones suaves.


Ambiente tranquilo y luz tenue.


Permanencias sin esfuerzo.


También es importante evitar convertir la práctica en una nueva obligación. Si aparece el pensamiento «tengo que hacer yoga para poder dormir», podemos terminar añadiendo más presión.


La práctica no debe convertirse en una prueba que tengamos que superar. Es simplemente una forma de acompañarnos.


Y si los pensamientos siguen apareciendo?


Practicar yoga antes de acostarte no significa que la mente vaya a quedarse completamente en blanco.


Ese no es el objetivo.


La mente piensa porque esa es su naturaleza. El propósito es dejar de alimentar cada pensamiento y regresar una y otra vez a una sensación presente.


Cuando aparezca una preocupación, puedes reconocerla y decirte interiormente:


«Ahora no necesito resolverlo».


Después, vuelve a sentir la respiración o el peso del cuerpo sobre el suelo.


Descansar también implica aceptar que no todo tiene que quedar solucionado antes de cerrar los ojos.


Preparar el descanso es una forma de cuidarte


A veces exigimos al cuerpo que continúe funcionando hasta el último momento del día y, de repente, esperamos que se duerma inmediatamente.


El yoga nos propone algo diferente: escuchar primero, reducir el ritmo y permitir que el descanso llegue sin forzarlo.


Quizá dormir mejor no empiece exactamente cuando nos metemos en la cama.


Quizá empiece unos minutos antes, cuando bajamos la luz, dejamos el teléfono, respiramos más despacio y le hacemos saber al cuerpo que, por hoy, ya ha hecho suficiente.


En las clases presenciales de Karana Kokoro Yoga en Badalona, aprendemos a utilizar el movimiento, la respiración y la relajación para cuidar el cuerpo y recuperar la calma.


No necesitas experiencia previa ni ser flexible. Solo necesitas regalarte un espacio para volver a ti.


Si quieres conocer los horarios y las plazas disponibles, puedes escribirme. Estaré encantada de acompañarte.

Comentarios


bottom of page